La importancia de diseñar pensando en la movilidad

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Justo cuando comenzábamos a acostumbrarnos de las herramientas, esquemas y metodologías necesarias para diseñar una buena página web y una aplicación, nos damos con la sorpresa de que el panorama relacionado a dispositivos ha vuelto a cambiar: los smartwatches y otros dispositivos wearables de conexión, sensores y cualquier aparato que pertenezca al “Internet de las cosas” trae consigo nuevas dificultades a nuestro campo, y hace muy difícil determinar en dónde lo “móvil” y una “aplicación” termina y acaba.

Y como diseñadores es complicado acostumbrarse a ello. Dado que mucho de nosotros abordamos por primera vez el diseño móvil mediante el diseño web responsive, ha sido mucho más sencillo abordar el diseño móvil como si fuera una especie de “pequeña web con soporte táctil y acceso a cámara”.

Pero los próximos productos y servicios están hechos para vivir con fluidez a través de un rango de dispositivos, sensores y conexiones de red. De modo que la movilidad, más que los móvil, define mucho mejor el tipo de entorno para el cual tendremos que diseñar.

En lugar de enfocarse en un dispositivo específico, diseñar para movilidad es un enfoque más amplio de diseño, uno que proporciona valores porque se puede transmitir en cualquier combinación de dispositivos. La movilidad nos fuerza a pensar de forma más amplia y a expandirnos de los dispositivos específicos para observar el ecosistema en el que estamos diseñando.

La movilidad se trata del contexto, no del dispositivo

La tecnología ha ido ganando conciencia de lo que hacemos, adónde vamos y con quienes nos relacionamos. Por un tiempo, parecía que los teléfonos móviles serían para la tecnología el único punto de contacto que le permitiría conocer nuestro contexto, para ellos era el único dispositivo “inteligente” que llevaríamos con nosotros. Eso, desde luego, ya no es más cierto. Los relojes inteligentes, las pulseras de ejercicio, y otros sensores wearables que no tendría sentido que aparezcan en un teléfono móvil.

Así que en realidad, la cantidad de contexto que puede capturar una aplicación o plataforma web no depende de un solo dispositivo, sino de una combinación de varios puntos de contacto, sino piensa en la forma en la que Facebook determina si uno inicia sesión desde una locación “inusual”. Necesitamos considerar cuánto sabemos del entorno del usuario dado todos los dispositivos que el usuario pudiera tener a su disposición en un momento dado.

El conocimiento del contexto también implica diseñar para casos en donde la cantidad de información disponible es limitada o no existe. Esto es verdadero incluso si diseñamos para un único y conocido dispositivo: bajo ciertas condiciones, acceso a datos o servicios de locaciones que pueden ser poco fiables o dejan de funcionar por completo. Esto es, por ejemplo, lo que ocurre cuando los servicios de localización pueden solo confiar en GPS.

Redefinamos la palabra “responsive”

Queremos conocer mejor el contexto de nuestros usuarios con el objetivo de satisfacer mejor sus necesidades. En ese caso, obtener información de ellos es simplemente la primera mitad de una transacción: los usuarios nos brindan información a cambio del valor obtenido por esa información. La forma como devolvemos dicho valor al usuario es al responder.

El significado de diseño web responsive ha sido gravemente deteriorado. Se ha reducido a no más que solo la adaptación de diferentes tamaños de pantallas. Necesitamos traer de vuelta el concepto de “responsive” hacia su significado completo: ser capaz de responder, y además establecer comunicación con el usuario

Una interfaz realmente responsive escucha activamente el entorno impredecible. Puede implicar todo, desde saber de la pérdida de conexión de internet, hasta responder a un cambio repentino de frecuencia cardiaca, y todo lo que esté en medio.

Waze, por ejemplo, cambia de forma automática su esquema de color de claro a oscuro según la puesta de sol. Esto es bueno, porque evita cegar al usuario durante la noche. Sin embargo, esto podría mejorarse, por ejemplo, que detecte la luz del medio ambiente con el uso de las cámaras del teléfono. De esta manera, el UI se podrá adaptar a tiempo real si el vehículo ingresa a un túnel, o si sale desde un estacionamiento oscuro a una calle iluminada.

En gran medida, estamos haciendo un mal uso de lo que sabemos sobre el contexto de usuario. La analítica, por ejemplo, nos dice mucho sobre quién visita nuestro sitio o utiliza nuestra aplicación, pero en su mayoría utilizamos esa información de forma pasiva. Simplemente analizando lo que pasó. ¿Qué ocurriría si aprovechamos los datos de la analítica para responder en tiempo real a los usuarios?

Al adoptar la movilidad nos vemos obligados a pensar mucho más sobre el entorno del usuario e intentar brindarles un mejor servicio al establecer una comunicación más enriquecedora e inteligente.

Las pantallas están reduciendo poco a poco su presencia

No es novedad que las pantallas están reduciendo más su tamaño y a su vez son más capaces. Pero la noción de una pantalla ha sido cuestionada por la tecnología.

Por un lado, las interfaces visuales ya no están relacionadas a rectángulos de cristal brillantes; por el otro, la disponibilidad de retroalimentación auditiva y táctil nos brinda más opciones para comunicarnos con nuestros usuarios y reforzar los mensajes. En este contexto, la movilidad iguala a la discreción, nuestros sistemas deben adaptarse a los usuarios, y no al revés.

Por ejemplo, los smartwatches apuntan a reducir la cantidad de tiempo que miramos a las pantallas, con el objetivo de consumir solo fragmentos de información que realmente necesitamos en el momento. En la mayoría de casos, esto se realiza mediante notificaciones.

No obstante, las notificaciones deben ser una forma de brindar valor al usuario en lugar de una oportunidad para constantemente molestarlos a que regresen a la aplicación.

Diseño alrededor de fragmentos de valor conectados al contexto

Los diseñadores necesitan estar conectados con el entorno de los usuarios desde la etapa de conceptualización. Por lo tanto, técnicas como investigación conceptual, observación y campo de investigación son más importantes que nunca, ya que el incremento de la movilidad significa que el entorno es mucho menos predecible. Si el entorno para un usuario web en los 90s era un escritorio, una silla y una habitación, ahora este puede ser en cualquier lugar, a toda hora.

La tecnología nos provee de datos, a partir de ellos podemos inferir el contexto, pero aún necesitamos comprender el contexto para hacer que tenga sentido; de lo contrario, terminamos con datos al azar, nada útiles y en bruto, obtenida de sensores. La buena investigación de usuario, se ha vuelto más importante que nunca, tanto para conceptualizar mejor los productos y servicios y para inferir correctamente el contexto al que vamos a responder.

No es buen momento para los diseñadores perezosos

El diseño UX se ha vuelto mucho más complejo. Más que nunca, los diseñadores web necesitan ser de mente abierta y colaborativos, exhaustivos y cuidadosos sobre para quienes están diseñando. Necesitamos profundizar nuestro conocimiento de la tecnología disponible tanto como necesitamos asegurarnos que nuestros usuarios no se vean afectados por ella.

Conclusión:

La tecnología de las cosas es un aspecto que crece y se diversifica cada vez más, brindando conexión a diferentes aparatos electrónicos. Ante esta situación es necesario que las empresas sean capaces de adaptar sus páginas web, aplicaciones, etc. Todo esto con el fin de poder ofrecerle al usuario una experiencia fluida y que responda a las necesidades según el dispositivo.


Artículo cortesía de Mariana Barreto – Gerente Comercial en Staff Digital, Agencia de Diseño y Marketing Digital en Lima, Perú.

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